Hacerse los suecos, sufrir como polacos...



Pobre Polonia, una de las marcas más maltratadas por la historia y por la histeria. Un trozo de tierra apetecido por muchos, y que ha tenido la mala suerte de tener un posicionamiento natural - por territorio - demasiado cerca de esa Alemania primero de cargas prusianas, después de blitzkrieg nazis...y por el otro lado, de esa Rusia de Ivanes, después de zares, más tarde de stalines...y adentro del Muro.


Polonia tuvo al pianista más creativo de los tiempos, de inmortales polonesas. Y al bigotón más famoso del mundo, ese por el que todos aprendimos a decir solidaridad en polski. Y al Papa que rompió la hegemonía de la marca vaticana-pero-italiana. Pero a pesar de todo, sus submarcas personales solo han sido momentos en el tiempo, inmortales e influyentes, pero efímeras.


Los polacos han puesto siempre los millones de muertos en las guerras de los más locos - Napoleón y Hitler, por ejemplo - y la primera sangre de las sangrías más genocidas. La historia de una constante desgracia, y que solo se recuerda cuando les toca otra de esas y otra vez.


Y en nuestras mentes, una mezcla extraña. Polaco es el que trabaja sin descanso, el que resiste en la sombra, pero polaco es también el ser extraño y el adjetivo despectivo que no pocos países utilizan para denominar clases inferiores no integradas. Son el trabajo duro sin reconocimiento y la marca menos destacable, Porque siempre se la confunde gracias a todos nosotros, los sin-tiempo-que-perder...


Animo Polonia en otras de vuestras horas más bajas. Saldréis de esta, pero mucho me temo que después, os veremos igual que siempre...

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