Chivatos, acusicas...y las rabias que les pican
De todas las técnicas de marketing, seguramente la que más pone es la del mistery shopping. Es algo que excita al del encargo, porque le pone en el rol de M en el Mi6, y de alguna manera al espía en cuestión, porque se inflitra y se lleva sus dinerillos.
Somos cotillas, fisgones, chivatos y mercenarios. Ese es el mix de nuestra condición, y del que nos aprovechamos como empleadores y empleados. Porque lo del comprador misterioso es solo la "glamourización marketiniana" de una pulsión profundamente humana, pero no del todo bien vista si se le llama espionaje. Y lo de "shopping" es un apellido moderno, porque esto es del todo aplicable si le llamamos "visiting" - sin estar forzados a comprar o parecer que compramos - "contacting" - si solo hacemos llamaditas o coincidimos en un cóctel - o incluso, y más cool, juntamos el termino "socializing", que entonces lo lleva a la red, como de social media, y todo es increíblemente actual, eficaz, vanguardista...bluff-bluff.
Del mistery shopping se cuenta la mitad de sus verdaderas intenciones, en un intento de tecnificar el chivateo. Se habla de benchmarking cuando la palabra adecuada es fusilar, y se mete en el ajo al análisis de la competencia, cuando en la mayoría de las ocasiones este tipo de proyectos los encarga un "robesperriano" director de RRHH...que sospecha que muchos cafés y poca atención al cliente.
Sí, nos va lo de espiar y eso explica el auge facebook, las cámaras ocultas en la entrevistas de trabajo, los detectives camuflados tras cristales tintados y los de asuntos internos asumiendo protagonismos corporativos. En otra vuelta de tuerca del business intelligence, ahora más soplón y guillotinador.
¡A camelárselos tocan!
El low cost, la geolocalización, la guerrilla y tal vez algo de neuromarketing, también están llegando a los negocios del "pásalo-póntelo". En un marketing de "andar por casa", pero que guarda escrupulosamente la secuencia de la cadena branding...conóceme, úsame, recomiéndame.
Los "camellos" modernos no están en twitter o porque nadie les ha hablado de ello, o los twits serían el colmo del "tráfico pijo". Pero solo es una cuestión de que hagan bien las sumas de la promoción, y vean que el papel se sube ya por las nubes, y los sms ya no son un arma de venta eficaz.
Lo que ha cambiado entre el trapicheo de antaño y el "one-to-one" de ahora es que la cosa tiene que ser un "pelín" más proactiva, porque los puntos de venta se han formalizado en interiores de lujo - la moda "pastillera" tiene la culpa - y el trade marketing se hace casi siempre con corbata. Aunque queden los puentes, los polígonos a medio hacer, y las tiendas bajo uralitas, el consumidor de hoy, si pudiera, desearía a Amazon poniéndoselo a domicilio.
Pero este país es especialista en aplicar creatividad a todos los niveles cuando no hay euros corriendo, y el "drug-running" se está reinventando a golpe de descaro, de benchmarking arriesgado, y de no poco aquí-te-pillo-aquí-te-mato.
Sí, ya sé que es frívolo hablar así y de estas cosas en una sociedad que se va limpiando y tapando agujeros - el de arriba, más atmosférico y los de abajo, más alcantarilleros - pero existe, mueve no poco producto y también aplica marketing.
Aunque esté reñido con la Real Academia...
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