Cartoncitos, papelitos...y sin olvidar las tijeras

Cuando las cosas se ponen feas y se adivinan bolsillos cerrados y amas de casa con ojos solo para las etiquetas de aquí lo más barato, somos presa de estampitas. Si ese vale-descuento, versión moderna de los cupones y cartillas, y que nos da igual si para algo que necesitamos y por si pudiéramos en algún momento necesitarlo. Y si se acumulan, se combinan y además no caducan, mejor, que hay siempre sitio en cajones cocineros o en esa neveras ya llenas de cosas imantadas.

El vale-descuento es la fórmula más burda y sin embargo eficaz del marketing más entregado, esa que no queda bien impartir y recibir en los masters salvo que te toque un caso de hipermercado - que siempre caen - esa que todos entendemos a la primera, nos hace ilusión coleccionar y siempre se nos pasan los plazos al grito desesperado ese de "ayyyy, dónde narices metería yo esos cuponesss".

Pero españoles, en estas que no estamos solos, y ni ganamos a oportunistas, somos de "arruinar a la banca" (entiéndase, marca apresurada o establecimiento nervioso) a pesar del más de medio "kilito" de vales emitidos en el año en que todo se empezó a poner muy, muy negro. En Europa, la venta ya descontada es parte de sus vidas, seguramente desde la posguerra, y en Francia, no entienden comprar sin llevarse papelitos con un "menos" y un porcentaje en letras muy gordas.

Y por Estados Unidos, para que andarse con chiquitas, y a cada producto o lo que se parezca a él, la rebaja automática, porque son de frigoríficos más grandes, porque tienen tablones "to-do´s" que además leen y a veces respetan, porque se lo han visto hacer a Homer Simpson a cada episodio. Y con estadística en ristre, y en la era inmediatamente post subprime, tocaron a 11 por cabeza...
Como en un bonito 11 meses 11 causas, pero dejando aparte Navidad, porque entonces que canjeé los suyos Santa Claus.

Cariño, he agrandado mis gadgets


El interesante artículo de Alvaro Rattinger en Merca2.0 sobre el más allá del Ipad - cuando supere ese duelo inicial con Kindle - plantea enfoques a los que la gente del branding no podemos permanecer indiferentes.


Cuando superemos esa discusión de si es un Itouch grande o un MacBook Air delgadito, que no es sino el análisis hardwariano de ese marketing superficial de que el soporte justo se llevará el gato al agua, empezaremos a darnos cuenta de las enormes posibilidades abiertas y que no son precisamente leer libros y revistas.

Steve Jobs ha colocado entre nosotros ese juguete de diseño, persiguiendo la creación de la categoría, esa que revoluciona la forma en que se presenten, se hagan y se cierren negocios.

Y ahora, que le sigan, algo que ya se ha convertido en una maldita costumbre.

Controla tu alma, que te la están mirando los polis


Cada catástrofe o "amago de" tiene su mercado instantáneo y por tanto su marketing. Algo que ya hemos visto en esa gripe "pandemoníaca" que nos hizo poco más que toser o estornudar tapándonos, y a la que se lanzaron sin piedad los "sustitutos de los cerdos" (entiéndase bien, que hablo de productos) y los de los higiénicos, que en el discurso del "hay que lavarse más" o "ni se te ocurra seguir dando así la mano" nos colocaron guantes, jabones, kleenex reconvertidos y mascarillas de diseño. Y de la a o la b quedan solo esos carteles a medio quitar, como cuando tras unas elecciones.

La quasi-catástrofe del Amsterdam-Detroit, reviviendo ese día que no podemos nunca olvidar, no solo han disparado las alertas de si se está haciendo bien solo quitando los zapatos a la gente o metiendo los champús en bolsitas transparentes, sino que han levantado la moral de esa languideciente industria de seguridad aeroportuaria, ya resignada a que nada ni nadie se le ocurriera meternos más miedo en el cuerpo.

Y entre escáneres desnudadores y microoondas a lo cámaras kirlian (si, esa propia de ghostbusters) vuelven a la carga para decirnos que cualquiera y en cualquier parte de su cuerpo, puede llevar eso que tira aviones, o como mínimo, que las compañías pierdan todos sus slots de salida, se haga el caos y uno se piense muy mucho si no era mejor en casita y por videoconferencia.

Pero lo bonito de la nueva situación de marketing, es que ya no vale cualquier producto, porque estamos cansados de stripteases en los que terminamos dejándonos olvidada las tarjeta de embarque en la cestita, el follón de sacar y encender laptops o netbooks y con lo que tarda windows en arrancar, y tampoco queremos ser irradiados por sorpresa, ahora que todo es cada vez más insoportablemente sano.

El marketing "seguro" más moderno es ese de productos invisibles, de "hacerte la foto" sin darte cuenta, de saber por tu aura, no si irás alguna vez al cielo, sino que hoy y con esta gente, este cielo no te toca.