Yo no me llamo René, ni conduzco un Aston Martin



Recientemente escribí para un cliente…
Los productos no son lujo en si mismos, las personas los convierten en su lujo.
Al lujo le ponemos marcas, y de las marcas destacamos el lujo de poseerlas.


Y me quedé más ancho que pancho. Yo, con la sana intención de hacer un bonito juego de palabras, parecía haber dado en el clavo. O para ese cliente, que lo usó y lo hizo suyo. Para siempre.

Seguramente no haya nadie más lejos de eso del lujo que yo mismo. Bueno, conozco a un buen montón de gente que está a la misma o mayor distancia, pero no llevan cuatro años oyéndolo por todas partes, lidiando con clientes que dicen ser “el lujo” o presentándose uno mismo como el gran especialista. Esto, reconózcanlo, es todo un mérito.

Si yo les contara lo qué es el lujo, no me creerían. Primero porque acabo de confesarles mi gran mentira. Segundo, porque no he visto a nadie capaz de usar solo palabras y no marcas para definirlo. Tercero, porque no tengo ni la más remota idea.

Hay un concepto flotante que parece asumirse sin rechistar, pero que no tiene que ver con un determinado color o una determinada estética. Es, no sé, un dogma estúpido y sectarista que basa su aparente fuerza en la tradición y construye su falsa historia en las personas que parecieron ser los máximos exponentes. Por ejemplo, si le dicen Cary Grant, usted lo asocia a elegancia…e imagina su vida plagada de sibaritismos, de objetos de lujo. Y si le mencionan a Catherine Deneuve, le viene el glamour a la cabeza, también la elegancia y la buena presencia, y la alta costura e Yves Saint-Laurent. A personajes así les rodeamos inconscientemente de un aura mítica y fantástica y definimos – bien, definen los que saben – patrones sobre los que construir un concepto intocable. Porque si lo tocas, los del lujo te satanizarán, o directamente te dirán que tú no sabes lo qué es el lujo. Advierten la trampa ¿no? Nadie puede describirlo y nadie puede discutirlo, una vez el listo de turno crea la tendencia.

¡Qué maravilloso trabajo de branding elitista! Nunca algo tan etéreo ha calado tan hondo, hasta el punto de que sea tan variable su interpretación – que el mundo es muy grande ¡oiga! – y sin embargo, tan universal su estupidez. Desde Malibú hasta el nuevo Moscú.

Y es que solo hay que tener algo de dinero para buscar como locos el lujo, dondequiera que se encuentre o nos asesoren. Está en Hermés, en Prada, en Riva, o en el Lago Como. Donde digan los aristocráticos gurús de mentes añorantes de belle époque y cuerpos entregados a la dolce vita.
Pero el dinero solo le servirá para comprarlo, pero no para poseerlo. Porque ya se encargarán de decirle que usted no ha nacido con ese instinto de clase, con esa innata elegancia, con ese divino don. Será un nuevo rico de lujo rápido y glamour instantáneo, pero efímero.

Un buen amigo me supo distinguir los dos tipos de lujo; el latino, de puertas hacia fuera, de testa rossa a las puertas del casino de Montecarlo y Ferreti en pantalanes de Portofino; y el anglosajón, de todo queda en casa, de mansiones palaciegas y antigüedades ancestrales acompañando su lectura de biblioteca y chimenea.
¿Con cuál se queda? Le ayudaré. Solo tiene que pensar por un momento en si le va la marcha o tener a su perro tumbado a sus pies.

Geles y microfibras


En esta carrera imparable hacia el “tócalo todo”, se nos ha sumado Microsoft. Cuando los Ipod ya se han convertido en IPhone, y más explícitamente, en ITouch – que esto ya si que es tocar – se nos anuncia a un año vista la aparición de ese Windows 7 que promete cargarse a Vista. Qué frase tan profética.
Y seguramente se trate de un nuevo récord en velocidad endogámica de canibalización – perdón, me había olvidado de Windows Me, que también lo tuve – pero es que los de la manzana aprietan que se las pelan…y donde no les puede dejar entrar – ni pensar – es en el territorio comanche de Windows; los sistemas operativos populares.

Desconozco a estas alturas si lo que se planea en el 2009 es algo similar al follón armado en el 94, cuando la música de los Rolling acompañaba ese nuevo invento que se vino a llamar Windows 95.
Yo la verdad es que les noto algo callados, como que no son como antes, que probablemente estén cansados de saraos multimillonarios. Desde hace años, los Gates Boys prefieren no hacer ese ruido mediático-infernal que nos hacía pensar a todos los usuarios que al mundo le quedaban dos días, y que la migración inmediata era impepinable. Como reproducir el efecto 2000 a cada nuevo SO (Sistema Operativo). Dentro de poco lo harán incluso con cada nuevo SP (Service Pack)…qué digo, a cada nuevo parche.

Yo creo que la culpa de su prudencia actual responde a las bofetadas dadas por la extraordinaria evolución de Internet - que desvió su atención y cambió para siempre el escritorio y la memoria caché – más tortazos recibidos por las pdas – y tuvieron que hacer un Windows canijo – y finalmente, los grandes zurriagazos propinados por las músicas móviles, porque empezaron a perder la batalla contra el mp3…y la seguirán perdiendo contra los mp…x o lo que quiera hacer ITunes con ellos...

Microsoft, que siempre ha querido acapararlo todo, ha tenido que reinventarse continuamente y a la fuerza, y ya sabemos que eso solo es posible oteando y fusilando. Sí, porque así hicieron con los Windows desde que son de colores, con los software ofimáticos que tanto deben a WordPerfect y compañía, con los navegadores hasta que Netscape se hizo o le hicieron el harakiri…con los juegos – Xbox – con los software temáticos – p.ej. Encarta – y etc..etc…
Pero la fuerza – y la suerte – les acompaña, y pase lo que pase, les multen con lo que les multen, les hackeen lo que les hackeen, siempre saldrán adelante.

Hoy Windows 7 - ¿por qué 7? – y hasta donde nos han mostrado, es el ITouch en grande pero donde encontraremos a nuestros viejos amigos de siempre; los Word, los Explorer, los Windows Media Player y las papeleras de reciclaje. Y todos ellos en una especie de orgía Multi-Touch, que nos obligará al toqueteo, a arrastrar los dátiles a resoluciones 800 x 600, a estirar las cosas de pulgada en pulgada (por pulgares, me refiero). Y todo quedará asqueroso y perdidito.

Sí. Nos encaminamos a la era donde lo wifi y lo bluetooth ya no es suficiente. Una especie de período que mezclará la tecnología de cajero automático y la de Minority Report.
Una era donde los más avispados sabrán ver que el negocio no es ya de programadores, sino de fabricantes de líquidos y toallitas limpiadoras, y también de protectores plásticos de pantallas.
Porque siendo lo que somos y metiéndonos donde nos metemos, lo de menos será si los iconos se desplazan sin saltitos o las imágenes se giran, contorsionan o hipervinculan.
El problema será ser capaces de verlas entre la mugre.

Cotillas de armas tomar



Espiamos a la competencia directa,
y directamente a toda la demás.
Espiamos a nuestros queridos clientes,
y a los que creemos nos tendrían que comprar.

Espiamos a nuestros proveedores
y a toda la gente en el canal.
Por si los precios, por si los márgenes,
o por si algo se pudiera hacer mal.

Espiamos a nuestros colaboradores
y a los que con nosotros podrían colaborar.
Para ver si de verdad ayudan,
o en qué momento nos podrían plantar.
...Y también a los que se alían con otros,
por si nos la pudieran armar.

Espiamos sus números, sus productos,
sus prácticas y sus intenciones.
Sus palabras, sus datos técnicos,
sus catálogos, y sus presentaciones.
Sus webs, sus stands y su tienda.
Sus balances y su situación con Hacienda.

Espiamos sus historias, sus cuentos,
y sus extraordinarios delirios de grandeza.
Sus noticias, sus sueldos, sus trampas
y sus inevitables signos de torpeza.

Espiamos a sus ejecutivos
cuando su lengua se tensa.
A sus directivos que no callan
en las conferencias de prensa.
A sus despedidos recientes
que airean miles de intimidades
A sus amigos, nuestros submarinos,
comisionando sus infidelidades.

En las pizarras mal borradas,
En los papeles sin eliminar,
En las pantallas no apagadas,
En las Excel sin minimizar.

En las grandes ocasiones,
mientras el sushi y champán,
y en esas que son pequeñas,
cuando toca ya el pacharán.

Con nuestras enormes orejas,
con nuestros ojos de lince,
con nuestras boquitas chicas,
con nuestra nariz de husmear.

Todos los chascarrillos.
Todos los macutazos.
Todos los globos sonda.
Y algún que otro dato real.