
Es que hay gente para dar y tomar, y se reducen al tamaño foto DNI

La historia de las fotitos y los amiguitos sin fin es la realidad social que nos toca vivir. Un círculo vicioso en el que vence el que más tiene, y se hacen, se compran o se inventan si es preciso. Pero que el casillero tenga tres dígitos al menos, pedazo de autista digital.
No vale ya echarle la culpa a esos norteamericanos que hacen webs a mascotas, y los niños crean variopintas sectas en la red. Nosotros, como ellos, pero más tarde y casi seguro que con menos edad, y si no, que alguien audite ya ese tuenti de innumerables chiquillos en su recién docena de años.
Pocotú, muchoyo
A todos esos twitteros empedernidos,
encubiertos juglares modernos,
apasionados comunicadores last minute,
extraordinarios cronistas de la vida (también su vida)
sacrificados del tiempo a los que todo ya les puede parecer tarde,
conectados sin desconexión posible,
reporteros a la caza de enlaces,
retweeteadores hasta los límites de lo imposible, troceadores de la realidad y fragmentadores de todo, todo, todo lo que pasa y aunque no importe...
Para esos, pues esto...y seguro lo entienden.
E-books, Ipads y otras cositas más vagas
Décadas después, y tras innumerables intentos pdfilos (por pdf, eh!!) y multimedia (de esa que embebida, ni agarra Google, ni dan ganas de leer) parece que al fin lo que empezó siendo sci-fi editorial, tiene visos de haber comenzado a vislumbrar ese formato con el que dejaremos a los kioskeros vendiendo tabacos y bonobuses, y a los medios, o reciclándose con urgencia, o transformándose en otras cosas...esas otras cosas a las que todavía no les ha dado tiempo o no les han dado el dinero.
Sí, en esa batalla de soportes empeñados en que las páginas no deben pasarse sino moverse, y que la palabra bookmark ya nunca más será ese trocito de cartón o ese banderín con flequitos, todavía nos mostramos reacios a pensar en estanterías llenas de telarañas, pero amigos, el espacio y el tiempo todo lo pueden.
Los Amazon, los Sony, los Apple, los Microsoft, o los Adobe estarán condenados a entenderse cuando se aclare este nuevo y más moderno versus del beta-vhs, y sean tablets, kindles, iphones o el cacharro que se invente, todavía les quedará esa evangelización pendiente, sí esa que no puede basarse solo en apelar a lo vertiginoso del ritmo tecnológico - el viejo cuento del avanzado y el retrasado digital - sino en tratar de cambiar las costumbres más culturalmente asentadas.
Que se mueren las editoriales al uso...¿y a quién diablos le importa? De aquí en adelante, lo verdaderamente preocupante es que cambiaremos la forma de sentarnos, el lugar de donde nos viene la luz, y que para leer - o como lo llamen todos estos - siempre con login y un password.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

